La reserva indígena de Talamanca es una de las regiones productivas que presenta mayor biodiversidad en Costa Rica. Su clima va desde el trópico húmedo de la costa pasando por el bosque lluvioso hasta los fríos páramos de origen glaciar de la Cordillera de Talamanca, la más alta y extensa de Costa Rica. Se trata de una región productora de cacao, banano, plátano y una diversidad enorme de frutas y madera.
Talamanca posee una extensión aproximada de 54.000 hectáreas y alberga al 20% de la población indígena del país. Bri Bri, el centro de población más importante, se ubica a 220 kilómetros de San José y tiene una población altamente heterogénea: indígenas, afro descendiente, colonizadores de otras regiones del país y emigrantes extranjeros de un sinnúmero de países.
A pesar de su riqueza natural, diversidad biológica y cultural la región tradicionalmente ha estado rezagada en la agenda de desarrollo del país. APPTA, la Asociación de Pequeños Productores de Talamanca, posee más de 1000 miembros activos y desde 1994 comercializa banano orgánico como materia prima para puré, cacao para consumo local y exportación a mercados Orgánicos y de Comercio Justo. Estos productos orgánicos están certificados por Eco-Lógica de Costa Rica.
En 2007 iniciamos las primeras investigaciones en sistemas diversificados indígenas de la región. Se trata de un modelo productivo donde hay cacao y banano conjunto con otros cultivos para la salud y seguridad alimentaria, y bajo sombra de árboles frutales y forestales. Este sistema de producción brinda una serie de servicios ambientales, tales como la reducción de la erosión, fijación de carbono, protección del hábitat, protección de cuencas, reduce presión sobre el bosque, protección de fuentes de agua, conservación de la biodiversidad y además es la base de una economía diversificada para las familias.
Los resultados obtenidos convirtieron a Talamanca en el escenario ideal para la aplicación de la Norma y Sello Cam(Bio)2. Los pilotajes de la normativa revelaron el potencial que tienen las fincas orgánicas de esta región para mitigar el cambio climático.

“Con el tiempo me di cuenta que el uso de químicos no produce el mismo desarrollo en las plantas y daña la tierra. Además los alimentos son menos sanos. Por eso nosotros siempre usamos lo natural. Nunca he usado químicos ni para fumigar ni para nada. Es así: Nosotros mantenemos las plantas y ellas nos mantienen a nosotros.
Mi mamá me enseñó a trabajar en el campo desde pequeña. Ella siempre trabajaba en forma natural, tenía abonos caseros como cáscaras de banana y las tiraba por los alrededores de las plantaciones y decía que eso le hacía bien a las plantas y nosotros ahora hacemos lo mismo”.